En estas fechas, rememoro que la vida eterna se halla en íntima relación con la dimensión vertical y la Cruz. Así pues, en la Cruz y la condición vertical, podemos actualizar nuestros estados "angélicos" -por así decirlo-, que corresponderían con los estados inferiores -y superiores- del ser. El secreto se sustrae básicamente al dicho "conocerse a sí mismo"; por ello, un cristiano puede alcanzar dicha condición a partir del estado virtual primordial, latente cual punto de partida desde el que entronizar con dichos “estados”. El punto central o de convergencia entre el mundo alto y el bajo, propicia que dicho proceso de Reintegración pase a través de uno mismo. En la Cruz, donde confluyen una corriente descendente y otra ascendente, se hace preciso que se éstas se encuentren y separen en el punto simbólico (donde debe “reunirse” lo que–en apariencia- parece estar desunido). De hecho, este punto simbólico ha pasado a ser denominado el “Mediador”, cual microcosmos donde el Principio supremo ha de “recomponerse” absolutamente.
Homero mencionó a la Siria primitiva (cual "tierra solar" donde se hablaría la lengua siríaca o adámica), situándola allende Ogigia (lo que nos permitiría asociarla con la Thulê hiperbórea), isla en la que pasó prisionero Odiseo/Ulises siete años de su vida, en manos de la ninfa Calipso. Plutarco escribiría también sobre la isla de Ogigia, indicando que allí el sol era visible veinticuatro horas, pues disfrutaba de días más largos...
miércoles, 16 de abril de 2014
En estas fechas, rememoro que la vida eterna se halla en íntima relación con la dimensión vertical y la Cruz. Así pues, en la Cruz y la condición vertical, podemos actualizar nuestros estados "angélicos" -por así decirlo-, que corresponderían con los estados inferiores -y superiores- del ser. El secreto se sustrae básicamente al dicho "conocerse a sí mismo"; por ello, un cristiano puede alcanzar dicha condición a partir del estado virtual primordial, latente cual punto de partida desde el que entronizar con dichos “estados”. El punto central o de convergencia entre el mundo alto y el bajo, propicia que dicho proceso de Reintegración pase a través de uno mismo. En la Cruz, donde confluyen una corriente descendente y otra ascendente, se hace preciso que se éstas se encuentren y separen en el punto simbólico (donde debe “reunirse” lo que–en apariencia- parece estar desunido). De hecho, este punto simbólico ha pasado a ser denominado el “Mediador”, cual microcosmos donde el Principio supremo ha de “recomponerse” absolutamente.
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