El Miércoles de Ceniza que marca el inicio de la Cuaresma, lindando entre Carnaval y Pascua, finaliza con el Domingo de Resurrección; y, simbólicamente, estas siete semanas de penitencia y ayuno rememoran aquel período en que Jesús estuvo en el desierto. Igualmente, la tradición eclesiástica insta a sus fieles recordar cómo es de efímero nuestro devenir en la tierra, mediante la imposición de la ceniza sobre sus frentes con estas palabras: "Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris" ("Recuerda hombre, que polvo eres y al polvo volverás). Obviamente, como toda celebración religiosa, el simbolismo debería hacernos recapacitar sobre cómo adecuarlo a nuestras vidas, más allá de recordar simplemente la vida de Jesús; por lo que, durante este preciado tiempo cuaresmal, sería más provechoso evocar a todo buen cristiano en la necesidad de concienciarse y condicionar debidamente su alma, auspiciando la postrera "resurrección" en el día que Dios tenga a bien. Y es que, como reza la leyenda del Fénix, aquella mítica ave renacida en medio de fuego, humo y cenizas entre las hojas de una palmera egipcia, cada cristiano que recibe en su frente dicha ceniza ha de intentar proyectarse hacia esa misma resurrección; de hecho, la ceniza de la celebración de referencia está hecha de las palmas y palmones de la Pascua anterior, pudiendo entroncar aquí con los simbolismos de la palma y la palmera, tan recurrentes en la Biblia en general y, en particular, en la vida de Jesucristo. O también podríamos decir que dichas cenizas han de rememorar aquel instante primero de la Creación, donde el Génesis explicase cómo hizo Dios al hombre con polvo de la tierra ("afar minadmah" - Génesis 2:7-, palabra hebrea que significa literalmente tanto polvo como ceniza). Así pues, todo cristiano debería purificar mediante "fuego" su alma (término que también podría relacionarse con la labor del alquimista), sirviéndose de la penitencia cuaresmal para purgar sus faltas y, en consecuencia, devenir como otrora "humus" creacional sin mácula, a partir del cual aspirar a la prometida resurrección.
Homero mencionó a la Siria primitiva (cual "tierra solar" donde se hablaría la lengua siríaca o adámica), situándola allende Ogigia (lo que nos permitiría asociarla con la Thulê hiperbórea), isla en la que pasó prisionero Odiseo/Ulises siete años de su vida, en manos de la ninfa Calipso. Plutarco escribiría también sobre la isla de Ogigia, indicando que allí el sol era visible veinticuatro horas, pues disfrutaba de días más largos...
jueves, 2 de marzo de 2017
El Miércoles de Ceniza que marca el inicio de la Cuaresma, lindando entre Carnaval y Pascua, finaliza con el Domingo de Resurrección; y, simbólicamente, estas siete semanas de penitencia y ayuno rememoran aquel período en que Jesús estuvo en el desierto. Igualmente, la tradición eclesiástica insta a sus fieles recordar cómo es de efímero nuestro devenir en la tierra, mediante la imposición de la ceniza sobre sus frentes con estas palabras: "Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris" ("Recuerda hombre, que polvo eres y al polvo volverás). Obviamente, como toda celebración religiosa, el simbolismo debería hacernos recapacitar sobre cómo adecuarlo a nuestras vidas, más allá de recordar simplemente la vida de Jesús; por lo que, durante este preciado tiempo cuaresmal, sería más provechoso evocar a todo buen cristiano en la necesidad de concienciarse y condicionar debidamente su alma, auspiciando la postrera "resurrección" en el día que Dios tenga a bien. Y es que, como reza la leyenda del Fénix, aquella mítica ave renacida en medio de fuego, humo y cenizas entre las hojas de una palmera egipcia, cada cristiano que recibe en su frente dicha ceniza ha de intentar proyectarse hacia esa misma resurrección; de hecho, la ceniza de la celebración de referencia está hecha de las palmas y palmones de la Pascua anterior, pudiendo entroncar aquí con los simbolismos de la palma y la palmera, tan recurrentes en la Biblia en general y, en particular, en la vida de Jesucristo. O también podríamos decir que dichas cenizas han de rememorar aquel instante primero de la Creación, donde el Génesis explicase cómo hizo Dios al hombre con polvo de la tierra ("afar minadmah" - Génesis 2:7-, palabra hebrea que significa literalmente tanto polvo como ceniza). Así pues, todo cristiano debería purificar mediante "fuego" su alma (término que también podría relacionarse con la labor del alquimista), sirviéndose de la penitencia cuaresmal para purgar sus faltas y, en consecuencia, devenir como otrora "humus" creacional sin mácula, a partir del cual aspirar a la prometida resurrección.
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